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La repentina salida de Jorge Coscia y la creación del Ministerio de Cultura abrió un interrogante: ¿Por qué Teresa Parodi? Amigos, recitales y canciones de protesta de la flamante guardiana del relato K.

Por Luis Gasulla

 


Ese domingo 28 de octubre del 2007, el hotel Panamericano estaba repleto de funcionarios, diputados, periodistas y algunos pocos artistas que se sumaban a los festejos de lo que parecía inevitable: la victoria de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones presidenciales sobre Elisa Carrio.

Teresa Parodi era una de las figuras de la cultura más exultantes con el resultado electoral. En medio de la celebración, mientras la cantautora respondía consultas a los movileros televisivos le pregunté si seguiría escribiendo canciones de protestas, Parodi se molestó: “Perdoname, siempre voy a escribir canciones de protesta”.

En esa época, el rock y la cultura popular no estaban tan contaminados, los artistas se animaban a escribir canciones con críticas sociales y políticas y aún no era habitual asistir a recitales multitudinarios con bajada de línea de política partidaria incluida. En ese 2007, todavía no le daban asco los porteños a Fito, a León Gieco la muerte no le era indiferente y la Mancha de Rolando no salía de gira con un vicepresidente de la Nación.

Esa noche, en el Panamericano, además de Parodi, estaban los Súper Ratones, cercanos al ex jefe de gabinete Alberto Fernández, y no mucho más. El tiempo pasó y la cultura “popular”, para subsistir, hizo fila en Telam para cobrar pautas, subsidios y jugosos cachets. Parodi siempre estuvo. Invitada habitual de los programas de la Televisión Pública, con 678 a la cabeza, la cantautora correntina, se convirtió en defensora acérrima de la Presidenta cuando fue invitada por Hebe de Bonafini a conformar “Las Cristinas”. Una agrupación con semejante nombre no podía incluir demasiados cuestionamientos a un gobierno y su tarea fue ser pioneros en pedir, públicamente, por la reelección de la Presidenta.

No era algo sencillo. En esos días, Cristina le decía a sus seguidores que no se hicieran los rulos. En “Las Cristinas” estaban Alicia Mastellone, ex integrante de Quebracho y su contacto político en el PAMI, Inés Vázquez directora de la Universidad Popular de las Madres –que ahora insiste el oficialismo en estatizar para salvar la deuda de 200 millones de pesos de la Fundación-, Patricia Alonso –la mano derecha de Sergio Schoklender y el brazo ejecutor en Sueños Compartidos y la citada Parodi que dirigía el Espacio Cultural Nuestros Hijos en la ESMA. Todas, excepto Alonso que fue eyectada del grupo tras el escándalo en la Fundación, no sólo se hicieron los rulos sino la permanente.

Como relevé en El negocio de los Derechos humanos, en noviembre del 2012, antes que estallara el escándalo por los festejos y asados en el centro clandestino de detención más siniestro de la última dictadura militar, el predio se utilizó como encuentro de política partidaria. Sus directivos, lo resignificaron como si fuese un botín de guerra. La gestión cultural de Parodi en el ECuNHi favoreció a la difusión de muestras artísticas relacionadas con la grandeza del kirchnerismo, algunas murgas, visitas guiadas semanales coordinadas por su propia hija –nombrada en los últimos años-, obras de teatro a cargo de Guillermo, otro de sus hijos, y un ciclo de “cocinando política” en la que Bonafini compartió un encuentro bizarro con uno de sus políticos preferidos, Amado Boudou.

Fuera de la Fundación, Sergio Schoklender decía que “Las Cristinas” era “un capricho de Hebe para contentar a la Presidenta y para que se sacara fotos con los ministros y secretarios. Todo, al pedo”. Schoklender nunca se había llevado bien con Teresa Parodi. El ex hijo putativo de Bonafini quería utilizar el predio de la ESMA para construir una inmensa universidad. Pero Hebe priorizó el proyecto de la cantante de armar un gran centro cultural de dedicado a la memoria de sus hijos revolucionarios. Detrás de la militancia, recordaba Schoklender “había lúmpenes y parásitos que se escudaban en esa figura para rascarse los huevos”.

El hombre había sido el ejecutor del plan de obras de construcción de viviendas sociales más importante que encaró el kirchnerismo en once años de gestión. En más de una década de gestión, ni Néstor ni Cristina quisieron crear un Ministerio de la Cultura. Hoy Teresa Parodi manejará un importante e influyente área con jugosos recursos públicos en su poder. Los que la conocen saben que profundizará el modelo “partidario” del ex secretario, Jorge Coscia, y que los amigos tendrán más motivos para seguir festejando como aquel domingo de octubre del 2007 en el Panamericano. Será la guardiana de custodiar el Relato en su fase final.

(*) Especial para Perfil.com.

Publicado en Editoriales